Y así fue. Gracias al concienzudo trabajo y labor de selección en la viña de Amparo, Lita, Abdelhai, Antonio y Rori, los kilos de uva iban llenando los cajones que esperaban pacientemente a que el tractor los recogiera para conducirlos a la bodega.
El sol comenzaba a apretar sin tregua, tiempo para un descanso y un gratificante desayuno. Con fuerzas renovadas, y gracias a la compañía a pie de viña del socorrido botijo, pudieron continuar su trabajo. El viento aparecía para aliviar en parte los rigores de agosto, aunque las abejas, curiosas, picoteaban manos y racimos en busca del dulce néctar. ¡Benditos guantes!
Bento los esperaba ya en bodega para pesar los kilos de uva y registrar su entrada concienzudamente. Ahora descansan en la cámara de frío hasta la próxima jornada: despalillado, estrujado y encubado; pero eso es otra historia que contar.
Y entre risa y risa transcurrió una agradable jornada, entre buena gente, grandes trabajadores y mejores personas, las que hacen posible que los vinos Contiempo vean la luz de las copas cada año y nos llenen de buenos momentos.


