Por pasión, por irresponsabilidad o por casualidad, da igual. El caso es que hemos apostado por esta bodega, y ya son unos cuantos años dedicados a esta actividad que nos da la oportunidad cada año de abrir nuevos caminos y de esperar a que el tiempo descubra lo que hay detrás de cada vino. Aquí estamos, ante una próxima añada, y mientras tanto, con un acento crítico, escuchamos la historia que en la copa nos quieren contar nuestros vinos.
¿Cómo nació la bodega?
Mi tío abuelo, Ignacio Rivero, propietario de esta finca, falleció en 1994. Era una pena dejar sin continuidad una finca considerada como modelo en la innovación agrícola en Canarias. Yo soy economista y pensé en mi amigo Jorge para darle continuidad al proyecto juntos. Sin alargarme mucho, esta nueva etapa no se inicia con una nueva inversión. Ha sido una transformación lenta capaz, año tras año, de rentabilizar la actividad agraria y volcar los beneficios en nuevos proyectos. Aguacates, chirimoyas, uva de mesa, papas, fresones, setas, zarzamoras, mangos, incluso plantas ornamentales como locasias y anturios son algunos de los cultivos que implantamos. Al mismo tiempo, constituimos un vivero seleccionador de vid y lo compaginamos con servicios de asesoramientos agronómicos a otras fincas.

¿Recae en la viticultura gran peso del proyecto?
Sí, la puesta en marcha de un vivero de vid seleccionador nos permitió acercarnos a la realidad vitícola regional. Visitamos las zonas de cultivo más tradicionales de toda Canarias, un auténtico refugio de variedades minoritarias. La especialización nos llevó a caracterizar muchas variedades y conocer su idoneidad para distintas zonas, así como su potencial para diferentes elaboraciones. Este conocimiento de primera mano nos animó a realizar nuestra propia plantación en el año 2000.

¿En qué momento deciden convertirse también en bodegueros?
No descubro nada nuevo si digo que detrás de un buen vino hay una buena viña y aunque a la inversa no es infalible sí es condición sine qua non. Llegado el momento de la primera cosecha, nos planteamos entonces si venderla a alguna bodega establecida en la D.O. o embarcarnos en el proyecto de nuestra propia bodega. Sopesamos el camino ya recorrido en el mundo de la viticultura, desde el vivero hasta su cultivo y, con una importante sensación de vértigo, nos decidimos a dar el paso.
¿Fue fácil como economista y con tu experiencia el análisis de viabilidad económica?
El vino tiende a alejarse de lo predecible. Yo diría que se mueve entre el terreno de las intuiciones y el arte, o incluso mejor, es fruto del arte de las intuiciones. Me explico, si tuviéramos que hacer un análisis de la viabilidad económica de un cuadro, desconociendo el autor que lo firmará, sería de poca ayuda conocer con absoluta precisión el coste de sus componentes: lienzo, pinturas, pinceles, etc. Probablemente es así como se encuentra un economista ante un nuevo proyecto de bodega y más en nuestro caso, en el que decidimos ponerla en marcha con la primera cosecha de nuestra finca.

Existe la incertidumbre, ¿pesa más entonces la suerte o el trabajo?
Seguro que interviene tanto la suerte como el trabajo. Sí hemos trabajado la capacidad de adaptarnos a las nuevas realidades, que hoy es una necesidad estructural. Formamos un equipo bien engranado, desde la toma de decisiones hasta su ejecución. Nuestra filosofía de trabajo valora la responsabilidad individual, al mismo tiempo que intentamos que todos participen en las distintas etapas: el vivero, la viticultura, la elaboración, la atención a las visitas, etc.

¿Cuál es la capacidad de la bodega?
La capacidad actual es de 60.000 litros, con la posibilidad de afrontar una ampliación modular si fuera necesaria, aunque nuestra filosofía de vino, “embotellado en la propiedad” limita la capacidad de crecer a la puesta en marcha de nuevas explotaciones o arrendamiento de otros viñedos del Valle.
¿Por qué elaboran tantos vinos diferentes?
Somos una bodega joven y estamos en una zona con un gran potencial y muchas posibilidades. Además, no hay grandes sobresaltos meteorológicos, y eso nos anima a arriesgar.
Cada año “interpretamos” la vendimia, decidimos qué elaborar y cómo trabajar para mantener los vinos que ya son un referente de nuestra bodega al mismo tiempo que nos marcamos el reto de investigar en una nueva elaboración.
¿Bodega de “terroir” o de varidades?
En principio, nuestros trabajos de prospección varietal por Canarias, la constitución de un vivero seleccionador de vid e incluso el nombre de la bodega “Arca de Vitis” (colección de variedades de vid) son antecedentes que contestarían a la pregunta. Sin embargo, ha sido bastante fácil valorar cada vez más el terruño. Sólo ha sido necesario darle tiempo a nuestros vinos para encontrar matices identificativos, propios de la zona, que no se explican sólo por la variedad y que nos acercan decididamente a la interpretación tradicional del vino, a la del Viejo Mundo.

¿Es el nombre de los vinos, “Contiempo”, un anhelo?
El nombre encierra distintas interpretaciones. Yo siempre digo que se refiere a lo que necesitó el vino para su elaboración, dedicación y exclusividad. Pero en realidad todo tiene su momento. La importancia de respetar los tiempos en las labores del campo, en el instante del descube, en los trasiegos, en el embotellado… Pero es posible que el consumidor lo asocie con una forma tranquila de disfrutarlo.
Texto: Rodrigo Mesa (Economista)

